«El castillo de arena» de Seicho Matsumoto

Esta vez la recomendación vino por dos vías: una, la reciente adquisición de varias obras del autor para la extraBUC Crímen y cia de DEC, de la que nos avisó Fres y otra, la sugerencia de la misma librería en la que conocimos al autor de la lectura anterior.

Algunos de nuestros avezados noveleros ya conocían a Matsumoto, así que, nos lanzamos a este libro aún sabiendo que se salía un poco de las novedades literarias a las que nos solemos asomar por aquí, aunque hay que señalar que tanto El castillo de arena como otras obras del autor, no han sido traducidas al español hasta hace bien poco, por Libros del Asteroide.

A mí personalmente, no me ha encantado y me ha pesado ese paso del tiempo, que, (siempre en mi opinión) no ha contribuido a un buen envejecimiento de la novela.

Pero vamos por partes.

El autor

Cuando se habla de novela negra en Japón, hay que mencionar a Matsumoto. Muy famoso durante la década de los sesenta en su país, resulta interesante su aproximación al thriller desde la crítica social y el tratamiento de las diferencias de clase o la corrupción.

A mí casi me ha gustado más esta fotografía del ambiente laboral, casero o rural, que la propia historia de misterio, la verdad.

La obra

Entiendo que se trata de una metáfora sobre los cimientos frágiles sobre los que se construye la imagen de las personas. En este sentido, me parece muy actual.

Sin embargo, esta es toda la referencia «moderna» que encuentro en el libro, que resulta un poco anticuado, superado ya tanto en forma como en contenido narrativo de suspense e intriga: todos los avances de la investigación tienen que ver con casualidades especialmente afortunadas o con momentos de inspiración casi mágicos que restan verosimilitud al relato.

Contexto y tramas

La novela se sitúa en el Japón de alrededor de 1960, en una época todavía de recomposición, de reestructura social y económica en Japón, de cambios y choques entre las viejas costumbres y las más occidentalizadas.

De lo mejor de la obra, para mi gusto, es el contexto geográfico, el recorrido que realiza el lector por las regiones de Japón, viajando con los personajes, sobre todo por el noroeste del país. Conocemos a través de sus ojos Kameda, Akita, Ishikawa u Osaka, así como las zonas montañosas, rurales y humildes de Shimane.

Creo que hubiera disfrutado más la obra con un mapa de Japón al lado, revisando las estaciones en las que recalaba Imanishi. De hecho alguna novelera, así lo hizo (Celia, por ejemplo).

Temas y personajes

Curiosa y diferente me ha parecido la importancia que se da a los sonidos del lenguaje, a los dialectos, a las distintos hablas de las regiones del país. La sociolingüística en este libro, cobra un destacado papel en la resolución del asesinato.

Subyace en toda la novela una crítica al paso de lo tradicional a lo moderno. La vida interior del inspector, pausada, reflexiva, frente a la superficialidad y frialdad de los miembros del grupo Nouveau.

Y, sobre todo, se pone sobre la mesa la importancia, la necesidad de tapar el pasado, de ocultar la pobreza y la enfermedad, los orígenes humildes de alguien a toda costa, para conseguir medrar en la sociedad nipona. La presión social, la rigidez que las convenciones morales, ejercen sobre uno de los personajes hasta llevarle al límite, presenta una comunidad podrida que se sustenta sobre nada, sobre arena.

En cuanto a los personajes, a mí me cuesta empatizar con el protagonista, Eitaro Imanishi. Me resulta frío y en su propio mundo. Marido y padre casi ausente, aunque esté físicamente, ensimismado en sus bonsáis y en sus haikus.  Aunque es un investigador tenaz e inspirado, resulta una figura triste y desencantada. Eso sí, se nos dibuja como un funcionario ejemplar, que ahorra continuamente con las dietas de sus desplazamientos (llegando incluso a pagarse algún viaje de trabajo) :).

Hiroshi Yoshimura, su compañero resulta bastante más atractivo. Educado y con ganas de aprender, es un buen contrapunto de Imanishi.

Eiryo Waga, resulta un personaje ambiguo desde el principio. No está clara la relación con su novia, no parece llevarse demasiado bien con el resto del grupo, está como fuera de lugar.

Mención especial requieren los personajes femeninos, que son de otro siglo. Mujeres que se dejan manipular por sus enamorados, viven por y para ellos o se dedican a hacer la comida y llevar el peso del hogar, sin personalidad ni peso alguno en la novela.

En esta entrada está mi «lectura» de la obra.

En la próxima, la del resto del club, mucho menos negativa en esta ocasión 🙂

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